sábado, 3 de septiembre de 2011

Primera parte del relato corto.



         No siempre las cosas van bien, eso lo aprendieron desde pequeños, pero, cuando no han ido bien jamás o hace tanto tiempo que la gente ni se acuerda, ¿podrían ir peor aún? 

         Ellos vivían en un mismo lugar, en un mundo propio pero a la vez quizás un poco inadecuado, en el que se esclavizaban a ellos mismos; por sus misma cabeza, su mismo pensamiento, su propia alma.

         Un mundo en el que la gente es cruel, una misma sociedad frente a la insípida ignorancia o el enriquecimiento personal que prefiere lo primero.  Gente con poco tacto y con poca humanidad: despreocupados, abandonados a ellos mismos y campantes y casi orgullosos de ello.  Tranquilos y sin conciencia, sin cerebro más bien para unos pocos.
 Ignorantes del mundo que les rodeaba; poco empáticos respecto al conjunto de problemas de la gente que los rodea, que se cruza en sus vidas, en nuestro propio camino y ni si quiera sabemos; conocidos, amigos, familiares… 
quiera sabemos; conocidos, amigos, familiares…
         Lidia tenia treinta años, hace cinco se casó y hace tres tuvo a su hijo; hace cuatro meses empezó los tramites de divorcio por malos tratos, por fin consiguió reunir el valor suficiente para denunciarlo.  Hoy, es su funeral. Todos sus conocidos y familiares asisten a él, incluso su hijo Marcos…. ¡Pobre pequeño!  El daño que esto le hizo y el crecer sin padre –ya que fue a la cárcel después de matar a la madre por no soportar que se separase de él- le hizo meterse en problemas conforme pasaban los años; problemas que acabaron convirtiéndose en consumo de drogas durante su adolescencia.

         Una de sus mejores amigas, que se llama Verónica, tuvo anorexia durante sus primeros años de pubertad; esta le anima y ayuda día a día para que dé un paso más hacia  la desintoxicación al contarle la historia y experiencia  de un conocido de ella que, al ir un centro de rehabilitación y con el tiempo lo dejó. 
 
         Juan es el abuelo del conocido de Verónica. A este le acaban de diagnosticar cáncer de pulmón, lo malo para él es que fue su trabajo el que le hizo llegar a tener esta enfermedad. Él era dueño de un bar, fumador pasivo, pero a su edad eran muchos años de humo día tras día sin parar de inhalar.  La buena noticia es que se lo han detectado a tiempo y que le podrán operar.

         Luis es el nieto de un estrecho amigo de Juan, es homosexual, todo iría bien de no ser por la ideología de sus compañeros que durante el día a día lo marginan y apalean; aunque este también tiene amigos incondicionales como Ayoub, que lo apoya y ayuda en todo lo que puede.  A este último lo marginan por el simple hecho de que tiene costumbres distintas a las del resto ya que  es de otra cultura.

         Javier es el vecino de Ayoub, estudia empresariales y está enamorado de Fátima, una joven marroquí que estudia en la misma universidad que él; estaban juntos hasta que se enteraron los padres de ella y le prohibieron verlo además de prometerla con un chico musulmán.  Fátima llora con despecho por las noches y se le pasa por la cabeza la idea de crear su propio fin como rápida solución.  Con el tiempo esta pudo ir escabulléndose algunos ratos de su familia al darle falsos signos de confianza y olvido, con los  que aprovechó para visitar a Javier.  Planearon una huida, la que le cambió sus vidas. Actualmente están casados y su familia reniega de ella, pero aún así ella es feliz al poder escoger lo que quería.



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